El primer día que pisé Aniak y David nos trajo a su casa, me quedé alucinada de verle amasando pan. Aquí muchas personas practican la subsistencia, como antaño. Se come lo que se caza y lo que se pesca e indiscutiblemente esto es lo más sostenible y ecológico en este rincón del mundo, teniendo en cuenta que con este tipo de alimentación no intervienen aviones, ni es necesario abrir carreteras, no hacen falta los transportes ni el petróleo, añadiendo además a todo esto, que la agricultura es tarea imposible por las bajas temperaturas de estos territorios, por lo que todo tiene su sentido.
El alce, por ejemplo, sólo se caza durante el mes de Septiembre y fuera de temporada está prohibido. Se permite cazar un alce por familia y previa solicitud de una autorización. Caza controlada. Los alces parecen saber muy bien cuál es el mes crítico para sus vidas y según nos contaban, el 1 de septiembre desaparecen, salen corriendo como alma que lleva el diablo, y vete tú a buscarlos por esos bosques dejados de la mano de Dios.
La actividad en verano es frenética, es una preparación constante para el invierno. Pescar, buscar frutas silvestres para hacer mermelada, preparar el congelador y la despensa, hacer conservas con las cuatro verduras que crecen en la huerta o en el invernadero durante los dos meses que dura el verano. Es todo realmente interesante y se aprende a valorar cada cosa que te llevas a la boca.
La caza. Las pieles. Aquí entiendo que se utilicen. Para empezar esto no es una granja de esas crueles y espantosas en las que matan a los animales en masa de un modo absolutamente despiadado y cruel. Aquí se mata para comer, así de simple, y todo cobra cierto sentido una vez te lo explican y lo ves.
Los Yup´ik creen que cuando un animal se te cruza, se te ofrece. De este modo se agradece el alimento y se aprovecha en su totalidad, no sólo la carne, también la piel, y se considera una ofrenda. No se entiende el matar por matar. Se honra al animal y se aprovecha todo de él, se le da un sentido a esta muerte. Luego se comparte. La cultura Yup´ik ofrece primero todo lo que se consigue a los ancianos, la carne y la piel para que hagan las prendas para soportar el frío invierno que puede llegar a alcanzar los 50 bajo cero. Nuestras ropas de goretex, por buenas que sean, se quedan cortas aquí. La piel no. Así que para empezar se mata para comer, sólo para comer, bajo control, y de paso se aprovecha todo, hasta la piel. Me parece ético.
A mi la cultura Yup´ik me inspira bastante respeto, por lo menos lo que se entiende por cultura Yup´ik, porque muchas cosas están cambiando. A los elders, por ejemplo, los miro con admiración, porque han sobrevivido a condiciones climáticas extremadamente duras y adversas, viéndose obligados a depender totalmente de la naturaleza salvaje que hay por estas tierras del norte.
Ahora ya queda poco de esta cultura, quizás los ancianos sigan teniéndola presente, pero hay muchos factores que han transformado la espiritualidad en algo que se le aproxima poco, la verdad. De esto haré más adelante un post.
Y todo este rollo para contaros que quise contribuir a mi propia alimentación pescando un salmón, y que, afortunadamente, soy malísima para pescar y eso me ahorró la llantina que seguro me hubiera dado por dar muerte al pez. Teniendo en cuenta que además, como ellos, nado muchas veces contracorriente, me hubiera costado lo mio. Lo de matar con mis propias manos no me resulta nada sencillo. El caso es que si tuviera que vivir aquí, poco tendría que llevarme a la boca como no me espabilara en estos terrenos.